27 sept. 2017

Se viene el 2018 ;)

                                  


Desconectar y relajarse en cualquier rincón natural en pleno verano es un bálsamo para los sentidos.


Vivir el momento, de gozar del espacio que nos rodea y de los seres que lo habitan o son bienvenidos en él.
Leer bajo la sombra del alero, dormir la siesta en la hamaca del deck, levantarse con el primer rayo del sol o invitar con unos mates.
Hacerte una escapada para el chapuzón, sin preocupaciones .
Frente del mar, dejándose meser al caer la tarde con el sonido inconfundible del bañado y un olor típico del verano .

Aquí desconectar es casi obligatorio.

Rodeado de aleros y decks, Satori es un homenaje a la vida al aire libre .

Los esperamos





fotografia @lorencia Lopez

10 mar. 2016

Satori,donde las luces las prenden las estrellas


No podés ladrar a todo el mundo, nunca dejarías de ladrar”, le explica Juan y Zen parece entender. El labrador que ya cumplió sus 10 años y aun no se entera de que ha dejado de ser cachorro, parece entender todo. Ningún humano logra explicarse todavía cómo es que distingue inmediatamente a los huéspedes de la casa de los demás transeúntes. Jamás le ladra a un huésped y siempre encuentra el modo de recibir un mimo.
“Allá es Jean Louis, acá Juanelbelga”. Juan, el belga, se instaló en Valizas hace 8 años y no abandona la erre en modo jota que le dejó el francés. Francés el idioma y no la nacionalidad (se bate a duelo con quien cometa tal error). Es capaz de repetir “eh?” cual abuelo sordo o niño desinteresado ante las preguntas o escenas que no atrapen su atención. Amante de Francis Malman –a quien no quiere conocer para no perder la magia- parece haber heredado de su madre la alquimia culinaria. 
Pero quien está detrás y adelante de todo, cuidando cada detalle con un amor infinito, es Jimena. Jimena conoce su negocio pero tiene claro que la planificación a largo plazo es una quimera y por eso sabe que va a seguir dándole vida al Satori mientras siga devolviéndole placer. 
Podría tener más huéspedes a costa de caos y colas para la ducha, pero no está dispuesta a perder la armonía de la tranquilidad y el encuentro. Podría poner wi fi, pero no está dispuesta a convertir la “zona de encalle” en un Cyber para monos. Con tranquilidad uruguaya y acelere sagitariano, Jimena está en todo. Te cuida como una madre, te escucha como una amiga. Ama el lugar que construyó y lo comparte cual ofrenda con quien lo cuide con igual amor. En cada retorno te vas a encontrar con algo nuevo, un recuerdo de un viaje, una creación de sus manos. Nada puesto al azar, nada arrojado ni superpuesto. Cada cosa parece haber nacido para estar ahí.
Desayunar en la mesa de la cocina cuando te despierta el olorcito a café recién hecho, retozar en la hamaca de mañana, huir del fondo en el calor de la tarde hacia la brisa que te da el frente de la casa. Caminar los pocos cientos de metros que te separan de “el pueblo” proponiéndote encargado de los mandados de todos, un día vos, otro ellos. Volver con las risas de la noche, tratando de embocar la llave sin despertar a todos. Saludar a Jimena, que siempre despierta, subir la escalera sin golpearte la cabeza y descansar hasta que el sol te indique que amanece un nuevo día en el paraíso. 
No, no es una disposición de la casa, es una energía que te arrastra, una patada en el ojo que te invita a descansar, a bañarte el año, a recuperar energías, a saludar estrellas fugaces, a inundarte de lunas llenas, a matear, intercambiar, compartir y abrazar hasta la próxima. Hasta la próxima, que siempre llega.
En un diciembre tranquilo de pre-fiestas o en el caos de un enero superpoblado, el Satori siempre es plan, siempre refugio. Quizás por eso, quienes tuvimos la suerte de pasar por ahí, lo sentimos un poco nuestra casa, una parte de nosotros y nunca le decimos adiós, siempre hasta luego
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11 nov. 2015

10 años de cocción



10 años de cocción


En poco será diciembre y los calores en el sur recordarán que allá por el este el sol emerge tempranito desde el mar y un rancho grande y negro, cueva del descanso, escenario de reencuentros y aires nuevos vuelve a la acción. El Satori Valizas aceita las bisagras de sus puertas de uno y otro lado del hogar para recibir su décimo verano que sin ser el mismo que diez años atrás, se asemeja. Nos aprontamos para abrazar a los amigos que cada año eligen volver, a los amigos de los amigos que se multiplican y a otros tantos viajeros que recalan dejando su huella al pasar.

La casa que un día decidió ser hostal, hoy es taller en invierno, alberga las curiosidades de sus anfitriones conjugando el trabajo de Juan con las experiencias de Jimena que acorde al clima se ha pasado los fríos trabajando cuidadosamente el fieltro, creaciones que activan el alma del lugar y que se pueden encontrar en la biblioteca, la cocina y a los costados de la estufa junto con la obra de distintos artistas que habitan los rincones, que crean pequeños mundos de fotografía, pintura y escultura y engordan la biblioteca del salón.

Satori vuelto posada recibe hasta a diez viajeros a la vez; en el segundo piso divididos en tres cuartos, habrá quienes ocupen la cama matrimonial, quienes compartan una recámara doble en una cucheta o el dormitorio comunitario con seis camas más. Lo cierto es que estén donde estén los viajeros contarán siempre con una ventana al mar y ese susurro que calma las noches y trae consigo el sueño profundo.

Por dentro la casa se ilumina levemente cada noche fruto de la recarga solar que los paneles recogen durante el día. ¿Ducha caliente? ¡Claro que hay! Los bañistas pueden quitarse la arena en el baño exterior durante el día y tomar una ducha calentita en el baño interior cuando el cuerpo se los pida.

En Satori Valizas el reencuentro es sinónimo de fiesta, porque nos acostumbramos a que vuelvan los mismos viajeros que a su vez traen a nuevos amigos así como a la llegada de otros que supieron por comentarios que aquí la pasamos bien. Quizás fue producto del tiempo que adquirimos ritmos como ritos que casi de manera natural alinean el funcionamiento del espacio.

Como buenos epicúreos, nuestras especialidades gourmet comienzan en la mañana cuando la cafetera italiana esparce su aroma y el pan casero de Jimena despierta a los madrugadores que entre 8:30 y 10:30 bajan a desayunar. Conocemos lo que ofrecemos, como la miel del desayuno que viene de un árbol que hemos visto crecer y las mermeladas caseras producidas por los vecinos del balneario.

Es así que cada noche la cocina se vuelve punto de encuentro. Si no es Juan que explora una nueva receta es Jimena que presenta sus clásicas pizzas caseras; hasta que los viajeros van tomando confianza y de los estantes surgen nuevos condimentos y de las charlas nuevos cocineros, ayudantes y chefs que noche tras noche exponen sus talentos en una suerte de competencia donde los comensales son los verdaderos ganadores de placer.



Y pensando un poco en ese otro lado que es el del huésped, es que en estos últimos tiempos nos hemos dedicado a viajar pasando como espías por distintas posadas del mundo, posadas hermanas con distintas propuestas pero procurando siempre el calor de un hogar. Desde Argentina a Europa las experiencias han sido satisfactorias, porque existen sitios en el mundo que abiertos esperan la charla amiga, crear rincones de relax donde compartir sabores característicos y dejar impresos recuerdos que son enseñanza. De estas últimas excursiones hemos nutrido nuestra casa con condimentos y nuevas recetas e historias para contar.

2016 se aproxima y para ese entonces todo estará listo, Zen el perro labrador cumplirá años y estará atento junto a Fresia la felina del hogar esperando los mimos del calor.

Allá en Valizas, en un rincón pesquero donde las olas rompen fuerte y el viento tiene su propia personalidad, un poco antes de las dunas, las piscinas oceánicas, al costado del arroyo pesquero, de espaldas al bañado, el Satori Valizas espera en calma el arribo de un nuevo año, un cúmulo de actividades, visitas y experiencias que como siempre darán para hablar.

¡Qué venga el nuevo año, el calor es de todos, pero el descanso espera acá!


-- 
ValeNTINA Viettro 
................ Arte & Gestión  ................



26 nov. 2014

Satori Valizas, permanencia en el cambio


Desempolvar el Satori dejó de ser trabajoso desde que la casa asumió su propia personalidad e invita a quedarse y permanecer.  Un invierno de taller, de retiros, de recibir amigos, ser nido y trampolín de viajeros que a su paso hicieron escala antes de continuar su viaje.

Satori es luz y permanente cambio, con un rincón para cada momento, recibir la mañana en la cocina es un clásico. ¿Cómo no bajar cuando el pan de Jimena te llama? Cuando la cafetera italiana perfuma la madera y los colores se cuelan entre los resplandores de mar.

El hospedaje incluye desayuno, entre las 8:30 y las 10:30 se puede bajar a buscar tostadas, con miel o mermelada.

El Satori emerge tras el médano que antecede a la duna, pasados los primeros mates, tomamos coraje y emprendemos el viaje hacia el mar.  Que ruidoso es el mar…
La casa lleva nueve años hospedando visitantes y acogiendo actividades recreativas, artísticas, expresivas y por qué no, curativas. En él se pueden quedar diez personas distribuidas en tres dormitorios.  Uno matrimonial, uno doble y un tercero compartido.
Satori es comprensión, y esto se refleja en los cuidados. Con los años la casa se acomoda, cada temporada algo nuevo nos invita a estar mejor.  La luz se alimenta con paneles solares, amigable con el medio ambiente la noche se puede vivir con una iluminación tibia donde los viajeros convergen, entre los espacios y los puntos en común.

Punto de encuentro de fotógrafos, escritores, escultores, cocineros, aventureros y de más espíritus curiosos que han construido una rutina que dota de vida, que fluye y se intuye y que curiosamente, se repite y vuelve.

Cuando atendido por sus propios dueños no es slogan, es posible de encontrar un refugio, un hogar, un rincón difícil de abandonar. 

El respeto es un menú que se sirve a toda hora,  alineado tras la diversidad que integra y va dejando su rastro. Porque cada visita es un aporte y con el tiempo Satori es biblioteca de libros compartidos, son las pinturas que van quedando, las imágenes de los amigos, las esculturas que habitan los rincones, las canciones que resuenan en el aire.

Zen el labrador que nació con la casa y Fresia la gata cazadora, son los reyes de la “Zona de encalle”, como dieron en llamar al deck que da al fondo. El deck auspicia de sombrilla, gancho de hamacas, rincón de sillones blancos, vista al bañado y donde las mascotas de la casa esperan los mimos que nunca han de faltar.

Valizas despide un noviembre de sol, augurio de bella temporada, entre martillazos, pobladores que pintan carteles, flores amarillas, casas que se abren, pescadores que tocan tierra, el pueblo se vuelve a levantar.

Escrito por: Valentina Viettro

22 feb. 2014

Intensivo de Obdulias


Parece mentira que tan solo haya pasado una semana ya que las ganas de regresar son muchas. Es la necesidad de caminar la arena, curtir el cuerpo y oír la mar que se hace vicio, y así Valizas, con ese estilo desalineado se nos va metiendo bajo la piel y nos chista cada vez más seguido invitándonos a volver.


La experiencia Obdulia en Valizas resultó un poco distinta a la inicialmente planificada, es que por suerte el cambio sigue siendo una opción y como buenas obdulias sabemos acomodar el cuerpo para que todo marche de la mejor manera.


El taller originalmente pensado se convirtió en un intensivo obdulio de tres días de vida sana y comidas compartidas con la población que llegó al Satori Barra de Valizas. A las recetas que compartimos se le sumaron las charlas, las mesas en calma, las sobremesas con té, las conocimientos compartidos y algunas horas matutinas de deporte en la playa.


Compartimos fotos de las recetas que cocinamos y según cuenta la leyenda y comunica el Whatsapp a nuestro regreso el espíritu obdulio siguió latiendo y la cocina no perdió cuidado, ¡salud por eso a todos los presentes!.


Día I_cena: brótola con cebolla, ajo, morrón, limón estragón y condimentos mediterráneos al horno. Acompañamiento: puré de calabaza.
Día II_desayuno: pan casero integral, hecho por Jimena, anfitriona del Satori. Café italiano, leche, miel de Castillos, cereales y frutas.
Día II_ almuerzo: spaguetis de albahaca con salsa roja y hongos secos.
Día II_merienda: compota de manzana con cereales. *sin azúcar*
Día II_cena: quinoa roja con verduras saltadas con agua al wok.
Día III_desayuno: Idem día dos.
Día III_ almuerzo: bondiola de cerdo desgrasada con mostaza y miel al horno y ensaladas varias. Ensaladas: 1- tomate, queso y albahaca. 2- lechuga, albahaca, manzana verde y semillas. 3- cebolla, zanahoria y tomate.
Día III_cena: arroz con hongos saltado al wok. Llevaba: arroz, cebolla, ajo, hongos secos y muchas variantes de cereales. Es un poco pesado como cena pero amortigua el vientito de las tormentas marítimas.


Pique para el desayuno:


Bien temprano salía a correr o a caminar por la arena, pero antes de salir comía una fruta, porque salir recién desayunada me pesaba en el cuerpo, pero salir sin comer nada me iba a generar reservas de grasa y azúcar. Así que una manzana, una banana y al regreso desayunaba como debe ser.


Además, a partir de este verano apliqué algo nuevo para el periodo de vacaciones, cada vez que me voy a una playa preparo una vianda de mix de cereales, así cada mañana puedo comer salvado, semillas, pasas de uvas, cereales, avellanas, etc. Lo preparan con lo que quieran pero es una salvación cuando lo único que nos rodea son bizcochos.


Colaciones mañana y tarde: las colaciones siempre fueron mate, playa y fruta.


Compartir esta experiencia con tanta gente preocupada por la salud fue genial y sea taller, encuentro o conversa, vale repetir y que se expanda. Las mil gracias al Satori Barra de Valizas que genera un espacio abierto a proponer y está siempre dispuesto en esa esquina del paraíso atrás de la duna frente al mar.


Gracias a: Jimena, a Juan, a Zen, a Paola, a Mariana, a Pepe y a la Fresia, la gata elegante.